lunes, 18 de junio de 2012

Relato nº 1: Mi vecina octogenaria.

Nunca me había sentido atraído por la vecina del piso contiguo; todo lo contrario, siempre la había visto como la tipica anciana viuda que se dedica a sus quehaceres domésticos y poco más.
Sin embargo, cierto día eso cambió. 
Me la encontré en el portal de casa. Iba cargada con las bolsas de la compra, por lo que me ofrecí a ayudarla a suvirlas a casa, dado que no hay ascensor en mi edificio. 
Ella me miro y, sonriendo, acepto mi oferta. 
Una vez hube dejado las bolsas en la cocina de su casa, ella me ofreció un billeet de 20 €, en compensación por mi ayuda. Yo me negué diciendole:
-No tiene importancia, quedese con él-a lo que ella respondió:
- Pues de alguna forma tendré que copensarte por tu ayuda- dijo acercando su mano a mi entrepierna.
En un primer momento me eché para atrás sintiendo un extraño escalofrío,pero ella, con voz calmada,  me susurró
-Tranquilo, nadie se entrerará de esto. Solo quiero que pasemos un buen rato.
En ese momento, recapacité. La anciana tenia el pelo oscuro, gracias al tinte con total seguridad. Sus ojos eran azules y tenía una sonrisa picara que me inquietaba. Su cuerpo , si bien no era el de una veinteañera, conservaba cierto esplendor pasado. Tenia un pecho más que considerable, como la mayor parte de las ancianas, con tetas grandes como cabezas de niño. 
Lentamente, comenzó a desabrochar la cremallera de mis pantalones vaqueros. Con suavidad , acarició mi miembro a través del calzoncillo. Este, fue tomando forma en la palma de su mano,. 
Yo notaba como, poco a poco, la cabeza de mi pene se iba llenando hinchando más y más, hasta casi explotar. Ella me dijo:
- Tranquilo, no queremos que acabes tan pronto.
Tras quitarme los calzoncillos empezo a felarme el miembro, primero con cierta torpeza y despues con una mayor soltura, como si hubiera recordado los años en los que solía hacerselo a su marido con regularidad. Subía y bajaba la cabeza, y yo sentia su lengua recorriendo cada centímetro de mi miembro, una y otra vez, sin descanso.
Traas unos minutos comenzó a desnudarse. Primero se queto el vestido que llevaba, con un estampado floral. Entonces pude ver sus enormes pecho, encerrados en un sostén de aspecto antiguo, luchando por liberarse de sus ataduras. Se lo quité y bese su pezón derecho. Era descomunal, pues ocupaba casi la mitad de su teta. Ella sonreía y lanzaba unos tímidos gemidos de placer.
Sus bragas eran negras, y tras ellas encontré un pubis descomunalmente peludo, como solo había visto en ciertos videos en la red. 
Utilizando los conocimientos adquiridos tras años de películas porno, la cogí de ambas piernas y la traje hacia mí. Ella lanzó un gritito, sorprendida por mi ímpetu. 
Cogí mi miembro y , agarrándolo con fuerza, lo introduje poco a poco en su interior. 
Fuí aumentando el ritmo de mis embestidas, hasta que estas hicieron retumbar los muelles del viejo colchón. Ella gemía de placer cada vez que mi miembro rozaba las paredes de su anciana vagina, inútil durante años. 
Tras unos minutos, sentí como un placer aún mayor comenzaba a alcanzar mis partes. Estaba a punto de correrme. le dije:
- Dios, creo que me corro- y ella me dijo.
-Espera.
Con una sorprendente agilidad,giro su cuerpo y se acercó mi miembro a su boca. Comenzo a masturbarme y me dijo:
-Quiero que acabes en mi boca, para poder saborearte enterito. 
Yo ya no podía más, sentía como mi pene iba a explotar. De repente, un chorro descomunalde semen surgió de la punta de este y fua a acabar a la lengua de la anciana. Tras este viniero otros tantos, si bien de menor cantidad. Ella se relamía, pugnando por tragarse todas y cada una de las gotas de mi preciada esencia. 
Tras acabar, me vestí y ella, pícara como siempre , me dijo:
- Vuleve cuando quieras, vecino.


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